viernes, 7 de septiembre de 2012

Análisis a las Cartas a los Corintios


Análisis del Libro Primera de Corintios





Autor: El apóstol Pablo.
Marco Histórico: La iglesia de Corinto fue fundada por Pablo en su segundo viaje misionero. Esta se había contaminado con los males que le rodeaban en una ciudad licenciosa.
Los griegos estaban orgullosos de sus conocimientos y de su filosofía, pero al mismo tiempo eran muy inmorales.
Eran especialmente amantes de la oratorioa.
Es evidente que Apolos, un judío cristiano  elocuente que había venido a Corinto, se había ganado la admiración de los cristianos griegos. Este hecho llevó a hacer comparaciones entre él, con su elocuencia y persuasión, y otros líderes religiosos - Especialmente en el descrédito de Pablo, cuya apariencia física parece no haber sido impresionante (véase 2 Co 10:10). Esto probablemente es la clave de las divisiones en la iglesia, 1 Co 1:11-13. El deseo de Pablo era el de purificar la iglesia de facciones espirituales e inmoralidad, lo cual fue la causa primordial de la carta.
Corinto
La península del Peloponeso, en el sur de Grecia, es un territorio montañoso unido al resto del país por un istmo corto y angosto. En la época del NT estaba sometida a la administración romana, como parte de la provincia de Acaya, cuya capital, Corinto, se hallaba situada a pocos kilómetros al sudoeste del istmo.
A lo largo de su existencia, Corinto conoció el esplendor y la miseria. En el 146 a.C. estuvo a punto de desaparecer, arrasada por los romanos; pero un siglo después, en el año 44 a.C., la propia Roma dispuso que la ciudad fuera reconstruida y habilitada en ella la residencia del gobernador de la provincia. De este último dato quedó constancia en Hch 18.12–18, donde se dice que el procónsul Lucio Junio Galión gobernaba Acaya cuando Pablo llegó allí en su segundo viaje misionero.
Corinto tenía una doble salida al mar: al Adriático por el puerto de Lequeo, y al Egeo por el de Cencrea (cf. Hch 18.18 y Ro 16.1). Esa privilegiada situación geográfica reportaba no pocos beneficios a la ciudad, pues ambos puertos eran muy frecuentados por los barcos que hacían las rutas comerciales de los dos mares.
La población corintia, estimada en aquel entonces en unas 600.000 personas, incluía mercaderes, marineros, soldados romanos retirados y una elevadísima proporción de esclavos (alrededor de 400.000). Corinto era, además, un centro de incesante afluencia de peregrinos, que desde lejanos lugares acudían a rendir adoración a las diversas divinidades que en ella tenían un santuario.
La ciudad, famosa por su riqueza y cultura, lo era también por la relajación moral de sus habitantes y el libertinaje que dominaba las costumbres de la sociedad. Es posible que muchas de las críticas que se le hacían fueran exageradas, pero ciertamente la mala reputación de Corinto, fomentada por causas tan conocidas como la prostitución sagrada en el templo de Afrodita, era proverbial en toda la cuenca del Mediterráneo.
La iglesia corintia
En aquel ambiente, la existencia de una pequeña comunidad cristiana, compuesta en su mayor parte por personas sencillas, de origen gentil (1.26; 12.2) y reciente conversión, se veía sometida a fuertes tensiones espirituales y morales.
El anuncio del evangelio había sido bien acogido desde el principio, cuando Pablo, probablemente a comienzos de la década de los 50, llegó a Corinto procedente de Atenas. Durante «un año y seis meses» (Hch 18.11) permaneció entonces en la ciudad, entregado a la proclamación de la fe en Jesucristo (Hch 18.1–18).
Las primeras actuaciones del apóstol, según su costumbre, se encaminaron a entrar en relación con los judíos residentes (Hch 18.2, 4, 6, 8); pero la oposición de muchos de ellos lo llevó muy pronto a dedicar los mayores esfuerzos a la población gentil (Hch 18.6).
Durante el tiempo relativamente largo que Pablo pasó entonces en la capital de Acaya, parece que su labor consistió sobre todo en poner los cimientos para que otros después de él, como Apolos (1.12), pudieran seguir anunciando el evangelio en la región del Peloponeso (3.6–15).
Fecha y lugar de redacción
La Primera epístola a los Corintios (=1 Co) fue escrita en Éfeso, donde, según Hch 20.31, Pablo vivió tres años, probablemente entre el 54 y el 57. Mientras estaba allí, los creyentes de la congregación le hicieron llegar, posiblemente por conducto de Estéfanas, Fortunato y Acaico (cf. 16.17), algunas consultas, a las que respondió con la presente carta (cf. los pasajes que comienzan en 7.1, 25; 8.1, y también 10.23; 11.2; 12.1; 15.1).
Propósito
Más o menos por las mismas fechas, «los de Cloé» informaron al apóstol (1.11) de la difícil situación que estaban atravesando los creyentes corintios. Arrastrados por la fanática adhesión personal de unos a Pablo y de otros a Pedro o a Apolos (1.12; 3.4), entre todos habían puesto en grave peligro la unidad de la iglesia.
Además, los antecedentes paganos de la mayoría de aquellos hermanos seguían pesando en la conducta de algunos, y la general corrupción característica de la ciudad dejaba sentir su influencia en la congregación, de manera que incluso en su seno se daban casos de inmoralidad que exigían ser inmediatamente corregidos.
Contenido y estructura
Pablo comienza esta carta abordando el problema de las divisiones internas, amenaza que se cernía sobre la comunidad cristiana como un signo de incomprensión y olvido de determinadas afirmaciones básicas de la fe: que la iglesia es convocada a unidad de pensamiento y parecer (1.10–17; cf. Jn 17.21–23; Ef 4.1–5; Flp 2.1–11); que la única verdadera sabiduría es la que «Dios predestinó... para nuestra gloria» (1.18–3.4), y que solo Cristo es el fundamento de nuestra salvación (3.5–4.5; cf.1 Ti 2.5–6).
En seguida, trata de orientar a sus lectores respecto a otros males que ya estaban presentes en la iglesia, pero cuyo progreso había que impedir sin pérdida de tiempo: una situación incestuosa consentida por la congregación (5.1–13), pleitos surgidos entre los creyentes y promovidos ante jueces paganos (6.1–11), comportamientos sexuales condenables (6.12–20) y actitudes indignas entre los participantes en el culto, especialmente en la Cena del Señor (11.17–22, 27–34).
Junto a todas estas instrucciones, la carta contiene las respuestas del apóstol a las preguntas de los corintios relacionadas con el matrimonio cristiano y el celibato (7.1–40), con el consumo de alimentos que antes de su venta pública habían sido consagrados a los ídolos (8.1–13; 10.25–31) o con la diversidad y ejercicio de los dones otorgados por el Espíritu Santo (12.1–14.40).
Otros textos, relacionados con cuestiones doctrinales y de testimonio cristiano, incluyen amonestaciones en contra de la idolatría (10.1–11.1) y consideraciones sobre el atavío de las mujeres en el culto (11.2–16) y sobre la institución de la Cena del Señor (11.23–26). Notables por su belleza y su profundidad de pensamiento son el poema de exaltación del amor al prójimo (12.31b—13.13) y la extensa declaración acerca de la resurrección de los muertos (15.1–58).
El cuerpo central de 1 Corintios, prologado por un saludo y una presentación temática de carácter general (1.1–9), concluye con un epílogo que contiene breves indicaciones acerca de la ofrenda para la iglesia de Jerusalén, más las acostumbradas salutaciones y notas personales (16.1–24).
Esquema del contenido:
Prólogo (1.1–9)
1. Divisiones en la iglesia (1.10–4.21)
2. Pablo corrige a la iglesia (5.1–6.20)
3. Sobre el matrimonio (7.1–40)
4. La libertad cristiana (8.1–11.1)
5. La vida de la iglesia (11.2–34)
6. Los dones del Espíritu Santo (12.1–14.40)
7. La resurrección de los muertos (15.1–58)
Epílogo (16.1–24)

Análisis del Libro Segunda de Corintios
Autor: El apóstol Pablo.
Tema Principal: Este está algo escondido, pero es evidente que Pablo tenía prominentemente en el pensamiento la vindicación de su apostolado cuando estaba escribiendo esta carta.
Ambas cartas a los Corintios indican que había un elemento en esta iglesia que tendía a desacreditar su ministerio y su autoridad.
Contenido: Esta es una de las cartas más personales de Pablo. En ella hace hincapié principalmente en su propio ministerio. Abre su corazón y revela sus motivos, su pasión espiritual, y su amor entrañable por la iglesia.
 En el tiempo que medió entre las dos epístolas dirigidas a los corintios, las relaciones del apóstol Pablo con aquella iglesia experimentaron algunos cambios importantes.
El riesgo de ruptura de la comunión, causa inmediata del envío de la primera carta (véase Introducción a 1 Corintios), no se menciona ya en la segunda. Es posible que los consejos y las amonestaciones de Pablo tuvieran el efecto deseado, y que al fin quedara superada la amenaza de división.
Propósito
Fueron, pues, otros los problemas que dieron origen a 2 Corintios (=2 Co). De ellos se sabe que revistieron gravedad y que afectaron profundamente al apóstol, aunque de las circunstancias en que se produjeron y del curso de los acontecimientos solo han quedado unos pocos datos aislados.
Lo que consta es que Pablo había resuelto permanecer una larga temporada en Éfeso. Y que, en efecto, por espacio de tres años residió en esa ciudad (Hch 20.31), donde, a pesar de la oposición de muchos, se había «abierto una puerta grande y eficaz» al anuncio del evangelio (1 Co 16.9).
Es probable que desde Éfeso, poco después de haber escrito 1 Corintios, el apóstol viajara por segunda vez a Corinto, la capital de Acaya. Ahora, en 2 Corintios, manifiesta: «por tercera vez estoy preparado para ir a vosotros» (12.14, cf.13.1).
Aquella segunda visita, intermedia entre las dos epístolas, consistió en un rápido viaje de ida y vuelta, que lo decepcionó y lo llenó de amargura (2.1–4). Personalmente, Pablo pudo comprobar que las cosas no iban bien en la iglesia de Corinto, donde incluso se había intentado desprestigiar su ministerio y poner en tela de juicio su autoridad apostólica y la de sus colaboradores.
La «carta con lágrimas»
Luego de su regreso a Éfeso, volvió a escribir a los corintios. Y lo hizo con el ánimo todavía dolorido, como más tarde él mismo habría de comentar: «Por la mucha tribulación y angustia del corazón os escribí con muchas lágrimas» (2.4). Se trata de una carta apropiadamente llamada «con lágrimas», que algunos comentaristas han dado por perdida sin remedio, aunque otros creen descubrirla en la sección 10.1–13.1 de la Segunda epístola a los Corintios. Si este último fuera el caso, 2 Corintios sería el resultado de una muy antigua refundición de por lo menos dos textos paulinos.
La persona encargada de llevar a Corinto la «carta con lágrimas» fue Tito, «compañero y colaborador» de Pablo (8.23; 12.18). En esa ocasión, el apóstol decidió quedarse en Éfeso; decisión que pronto se vio frustrada por tener que abandonar la ciudad súbitamente (Hch 20.1) a causa del alboroto promovido por el platero Demetrio (Hch 19.23–41).
Cuando Tito volvió a encontrarse con Pablo, pudo comunicarle la buena noticia de que la situación en Corinto había mejorado. Los creyentes lamentaban lo sucedido y, al parecer, se sentían sinceramente arrepentidos (7.5–16).
Esta información, sin embargo, llegaba acompañada de otras menos gratas sobre la presencia de judaizantes (quizá procedentes de Jerusalén) que no cejaban en su empeño de destruir el prestigio de Pablo en Acaya y menoscabar su autoridad moral (11.22–31; 12.11–13. Véase Introducción a la epístola a los Gálatas). A pesar de ello, en términos generales, la presencia de Tito había traído tranquilidad al corazón del apóstol (2.12–13; 7.6, 13–14; 8.6, 16).
Contenido y estructura
La carta comienza con una introducción (1.1–11) que da paso al cuerpo principal, dividido en tres secciones (1.12–7.16; 8.1–9.15; 10.1–13.10), y concluye con algunas palabras de despedida y una doxología (13.11–14).
En la primera sección (1.12–7.16), Pablo reflexiona sobre el estado de sus relaciones con la iglesia corintia, y expone las razones que tuvo para desistir de sus deseos de visitarla (1.12–2.17). Defiende apasionadamente su ministerio apostólico, que él llama «ministerio del Espíritu» (3.8) y «de la reconciliación» (5.18–20) por cuanto también Dios «nos reconcilió consigo mismo por Cristo» (5.11–6.10), y exhorta a los creyentes a vivir limpios «de toda contaminación de carne y de espíritu» (7.1; véase 6.11–7.16).
La segunda sección (8.1–9.15) consiste en un llamamiento a la solidaridad con los cristianos de Jerusalén, que estaban atravesando una difícil etapa de necesidades materiales (Ro 15.26). Es evidente, por lo demás, que el apóstol se fiaba poco en la generosidad de los corintios, quienes, entusiasmados al principio con la idea de auxiliar a los creyentes de Judea, luego, llegado el momento de recaudar la ofrenda, parecían mostrarse menos favorablemente dispuestos (8.1–15).
La tercera parte de la carta (10.1–13.10) sorprende por la vehemencia del tono empleado. El autor, volviendo sobre el tema del ministerio, defiende su derecho a ser considerado apóstol y a que se le respete en tal categoría. Se refiere a sus muchas tribulaciones, afirmando que en ellas se goza por amor a Cristo, pues, como dice, «cuando soy débil, entonces soy fuerte» (12.10). Y ante los que él llama «grandes apóstoles» (11.5; 12.11), manifiesta que los títulos de su propio apostolado son una vida consagrada por entero al servicio de Jesucristo.
Fecha y lugar de redacción
Los datos de que hoy por hoy se dispone no permiten precisar el momento ni el lugar de redacción de 2 Corintios. Solo a título de probabilidad, podría sugerirse que fue escrita entre los años 54 y 57 en alguna ciudad de Macedonia, quizás en Filipos.
Esquema del contenido:
Prólogo (1.1–11)
1. Pablo defiende su ministerio (1.12–7.16)
2. La ofrenda para los santos en Jerusalén (8.1–9.15)
3. Nueva defensa de Pablo (10.1–13.10)
Epílogo (13.11–14)

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