viernes, 7 de septiembre de 2012

Análisis a las Cartas a Timoteo


Análisis a las Cartas a Timoteo



Primera Timoteo
"E indiscutiblemente grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne,  Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo,  Recibido arriba en gloria." 1a. Timoteo 3:16
1a. Timoteo ("honrando a Dios") está escrita a un individuo, un joven hacia quien Pablo evidentemente sentía un profundo afecto. Siendo de naturaleza tímida y retraída, y no obstante, dotado por Dios, él necesitaba ser incitado a tener un sentido de responsabilidad en cuanto a la conducta adecuada "en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente."
Su ministerio le fue dado, no para ser ejercitado de forma independiente, sino por causa del bienestar de la Asamblea, el cuerpo de Cristo. Él es llamado también a ver que la sana doctrina sea mantenida en la asamblea local, y ese orden es mantenido con la participación de ancianos y diáconos fieles.
La asamblea también debía ser un lugar de oración (capítulo 2); y en el capítulo 3 se declara que es columna y baluarte de la verdad ‑un testigo de que Dios había sido manifestado en carne, es verdad, bendita condición de Hombre, el Espíritu de Dios justificándole públicamente en Su descenso sobre Él en Su bautismo, y el poder de Su unción visto durante el transcurso de Su vida. Es también un testigo del hecho de que Cristo había sido visto de los ángeles, quienes nunca antes Le habían visto. Y Él ha sido predicado a los Gentiles, proporcionando un evangelio mundial para toda la humanidad. "Creído en el mundo", si son muchos o pocos, no marca ninguna diferencia, pero la fe ha respondido a una revelación tal. "Recibido arriba en gloria" completa esta lista de benditos hechos de los cuales la asamblea da testimonio.

1 Timoteo 1:1-11

Conocimos a Timoteo en el capítulo 16 de los Hechos. Preciosos eran los vínculos de Pablo con su "verdadero hijo en la fe". Sin embargo, él le escribe en calidad de apóstol para subrayar la autoridad que él le confiere. A ese joven discípulo se le confía una tarea difícil: mandar a cada cual cómo debe conducirse en la iglesia (1 Timoteo 3:15). De hecho, el mandamiento estaba ya superado por el amor. Del mismo modo que los tribunales no son para la gente honesta, la ley no concierne más a los que son justificados. Lo que les conviene de ahí en adelante es el amor, cuya fuente está en Dios. Ha sido derramado por el Espíritu en nuestro corazón (Roma- nos 5:5). Pero, para que no permanezca en nosotros como agua estancada, para que nos «atraviese» y surja en provecho de los demás, ningún «conducto» debe estar obstruido. El amor emana de "un corazón limpio": el que está libre de todo ídolo; "de una buena conciencia": la que no tiene nada que reprocharse (véase Hechos 24:16); "de una fe no fingida": la que está exenta de toda forma hipócrita (2 Timoteo 1:5). Si no se llenan estas condiciones, nuestro cristianismo no será más que "vana palabrería'" (1 Timoteo 1:6).
¡Cuan brillante es el contraste entre la ley que maldice al pecador y la gracia que lo transporta al goce de la gloria y de la felicidad de Dios!
 1 Timoteo 1:12-20
Si alguien podía comparar la servidumbre de la ley con el Evangelio, por cierto ése era el fariseo Saulo de Tarso, quien llegó a ser el apóstol Pablo. Su fidelidad a los mandamientos no le había impedido ser el primero de los pecadores. ¿No había perseguido a Jesús al perseguir tan rudamente a los Suyos? Sin falsa humildad, se declara el peor de todos aquellos pecadores enumerados en los versículos 9 y 10. Pero Jesucristo vino a salvar precisamente a los culpables y no a los justos (Mateo 9:13). Y ya que el primero de ellos pudo ser salvo, nadie puede considerarse demasiado pecador para no verse beneficiado por la gracia. "Fui recibido a misericordia" exclama el apóstol dos veces (1 Timoteo 1:13 y 16). Mide la grandeza de esa misericordia con la magnitud de su propia miseria y espontáneamente la adoración se eleva de su corazón (v. 17).
Si a menudo gozamos tan poco de la gracia, tal vez sea porque nuestra convicción de pecado no ha sido suficientemente profunda. "Aquel a quien se le perdona poco" -o por lo menos, el que lo piensa así- "poco ama" (Lucas 7:47). Y con respecto a usted, amigo aún indiferente, la paciencia del Señor se ha ejercido hacia usted también, hasta ahora. No le haga esperar más tiempo. Tal vez mañana sea demasiado tarde.
 1 Timoteo 2:1-15
El apóstol, antes de expresar todas las cosas de las que va a hablar a Timoteo (cap. 3:14; 4:6 y 11), menciona la oración bajo sus distintas formas. Por ésta empieza siempre un servicio cristiano. La voluntad de Dios, la obra de Cristo y nuestra oración abarcan a todos los hombres. Nuestro deber es el de orar por todos sin restricción, porque Dios quiere que todos sean salvos y porque Jesucristo se dio en rescate por todos. Y es nuestro privilegio orar por las multitudes que no saben hacerlo.
De cierta manera depende de "los que están en eminencia" que podamos llevar una vida apacible y quieta. Pidámosle a Dios que nos la asegure por medio de ellos, no para derrocharla a merced de nuestras codicias, sino para estar más libres para ocuparnos en la salvación de los pecadores (véase Esdras 6:10).
Los hermanos, incluso los más jóvenes, son llamados a orar "en todo lugar" y públicamente en la iglesia. En cambio, en ella las hermanas deben guardar silencio. Pero, por medio de su actitud y su modesto arreglo pueden dar un testimonio más poderoso que con palabras. Las consecuencias de la caída en Edén (véase Génesis 3:16) son atribuibles a la mujer, pero la fe, el amor, la santidad y la modestia son prendas de liberación y bendición, aun en la tierra.
 1 Timoteo 3:1-16
Aspirar al obispado debe ser considerado como una prueba de apego a la iglesia. Para ejercer las funciones de obispo (o anciano) y las de diácono (o siervo), no es cuestión de estudios ni de examen, sino de condiciones morales. Ellas son de dos órdenes: 1) un buen testimonio en la iglesia y fuera de ella; 2) una experiencia adquirida en la vida cristiana.
En toda casa existe una regla de conducta, una disciplina colectiva a la que cada uno se somete. Así ocurre en la casa del Dios viviente: la Iglesia (véase 1 Corintios 14:40). No somos libres, en absoluto, de comportarnos en ella a nuestro antojo. Ella es la columna sobre la cual el nombre de Cristo, la Verdad, está escrito para hacerlo conocer al mundo entero.
Grande es el misterio de la piedad porque grande es la Persona sobre la cual están fundadas nuestras relaciones con Dios. La venida de Jesús como hombre a la tierra, la perfecta justicia de todo su andar con el poder del Espíritu Santo y bajo la mirada de los ángeles, su Nombre predicado y creído aquí abajo, finalmente su elevación a la gloria constituyen los elementos inseparables de ese misterio intangible confiado a la iglesia. Ésta es responsable ante el Señor de sostener y guardar toda la Verdad (1 Timoteo 3:15).
 1 Timoteo 4:1-16
El gran misterio de la piedad ha sido menospreciado por muchos. Algunos han quitado lo que les molestaba. Otros han agregado prácticas legales o supersticiones. El "buen ministro" se nutre de "la buena doctrina" (v. 6). Entonces estará en condiciones de enseñar a los demás (v. 11 y 13). La piedad es una virtud para la que uno se ejercita (en griego «gymnazo», de donde viene nuestro vocablo gimnasia). Uno se adiestra para la piedad. El ejercicio corporal, el deporte, es útil para la salud de nuestro cuerpo: poca cosa en comparación con los progresos del alma a los que lleva la práctica cotidiana de la piedad. Notemos que es necesario que se ejercite uno mismo, pues nadie puede vivir de la piedad de otro. Con esta condición, el joven Timoteo podrá ser un «adiestrador» para otros (véase Tito 2:7): un modelo en palabras, confirmado ello por la conducta, la que es inspirada por el amor, el cual a su vez es esclarecido por la fe, la que finalmente es preservada por la pureza (1 Timoteo 4:12). ¿Y cómo se ejercita uno para la piedad? Al estar ocupado en las cosas divinas y al entregarse por completo a ellas. La debilidad de nuestro testimonio viene del hecho de que nos dispersamos en demasiadas direcciones. Seamos los campeones de una única causa: la de Cristo (véase 2 Corintios 8:5). Así haremos progresos evidentes para todos.
 1 Timoteo 5:1-16
En las relaciones con los demás creyentes, los vínculos de la familia ("padre... hermanos... madre... hermanas...") deben servirnos de modelo (v. 1-2). Nunca perdamos de vista que formamos una única y misma familia: la familia de Dios.
Cada uno es invitado a mostrar su piedad, pero primeramente para con su propia casa (v. 4). Los fariseos predicaban lo contrario. Al mismo tiempo que hacían ostentación de devoción, anulaban el mandamiento de Dios al alejar a los hijos de sus más legítimos deberes para con sus padres (véase Marcos 7:12-13).
Con un solo versículo, el 10, se resume una vida entera al servicio del Señor: "Que (la viuda) tenga testimonio de buenas obras; si ha criado hijos; si ha practicado la hospitalidad;... si ha socorrido a los afligidos; si ha practicado toda buena obra" (1 Timoteo 5:10). Que cada cristiana halle inspiración y fortaleza a fin de no desear otra cosa.
Estos versículos 3 a 16, consagrados a las viudas, nos recuerdan que Dios cuida de ellas de una manera muy particular (véase Salmo 68:5). El evangelio de Lucas menciona a cuatro de ellas: Ana, cuya actividad en oraciones constantes ilustra el versículo 5 de nuestro capítulo (Lucas 2:36-38); la viuda de Naín, a la que Jesús devolvió el hijo (Lucas 7:11-17); la que pedía justicia al juez injusto de la parábola del capítulo 18; y, finalmente, la pobre viuda que, ante los ojos del Señor -y para Su gozo- dio al tesoro del templo todo lo que tenía para su sustento (Lucas 21:1-4). Tal vez no haya en toda la Palabra de Dios una "buena obra" que supere a ésa.
 1 Timoteo 5:17-25; 6:1-10
Pablo sigue exponiendo a Timoteo cómo debe conducirse "en la casa de Dios" (1 Timoteo 3:15). Asunto capital por el que se interesa Dios mismo -es Su casa- el Señor Jesucristo y los ángeles escogidos, llamados a considerar la sabiduría de Dios en la iglesia (1 Timoteo 5:21). Esa "multiforme sabiduría"debe también manifestarse en los variados detalles de la vida de la iglesia: deberes de la grey para con sus ancianos, comportamiento del siervo de Dios para resolver los casos difíciles, instrucciones dadas a los esclavos... (cap. 6:1-2). Cuántos desórdenes se introducen tan pronto como uno no se sujeta más a las sanas palabras, que no son las de Pablo o Timoteo, sino las de nuestro Señor Jesucristo (v. 3).
La piedad acompañada de contentamiento es en sí misma una ganancia, una gran ganancia al alcance de todos (cap. 4:8). Nuestra civilización está comúnmente basada en la creación y satisfacción de nuevas necesidades. Pese a todo, el ávido corazón del hombre permanece insaciable (compárese los versículos 9-10 con el Salmo 49:16-20). Agradezcamos al Señor que nos asegura lo necesario: "sustento y abrigo" y "estemos contentos con esto" (1 Timoteo 6:8). Siempre estaremos satisfechos de lo que Él nos da, si Él mismo, el Dador (quien es el Objeto de la piedad), satisface plenamente el corazón.
 1 Timoteo 6:11-21
"¡Mas tú...!". El hombre de Dios -y cada hijo de Dios- debe andar sin cesar contra la corriente aquí abajo. Huye de lo que el mundo ama y busca: el dinero y las cosas que el dinero procura (v. 10). Sigue lo que le gusta al Señor: justicia, piedad, fe, amor, mansedumbre (v. 11). Aguarda Su aparición, ese tiempo en que todo será manifestado (v. 14).
El apóstol no confunde a los que son ricos (v. 17) con los quequieren enriquecerse (1 Timoteo 6:9). Más él proyecta sobre los bienes de "este siglo" la luz de la eternidad. El objeto de nuestra confianza no son los dones, sino Aquel que los da; laverdadera ganancia es la piedad; las verdaderas riquezas son las buenas obras (v. 18); el verdadero tesoro es un buen fundamento para el porvenir (v. 19). Sí, sepamos discernir y echar mano "de la vida que lo es en verdad" (V. M.).
Huye..., sigue..., pelea..., echa mano... son las exhortaciones que hemos hallado en nuestra lectura (v. 11-12). El versículo 20 hace oír un último imperativo particularmente solemne: "Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado" (véase también el v. 14 y 2 Timoteo 1:14). Tal es la exhortación final e invitamos a cada uno de nuestros lectores a reemplazar el nombre de Timoteo por el propio.
Autor: 
El Libro de 1 Timoteo fue escrito por el apóstol Pablo (1 Timoteo 1:1)

Fecha de su Escritura: 

El Libro de 1 Timoteo fue escrito entre el 62—66 d.C.

Propósito de la Escritura: 

Pablo le escribió a Timoteo para animarlo en su responsabilidad de supervisar la obra de la iglesia de Éfeso y posiblemente otras iglesias en la provincia de Asia (1 Timoteo 1:3). Esta carta finca los fundamentos para ordenar ancianos (1 Timoteo 3:1-7), y proporciona una guía para la gente común dentro de la administración de la iglesia (1 Timoteo 3:8-13). En esencia. 1 Timoteo es un manual de liderazgo para la organización y administración de la iglesia.
Temas Principal: 
Consejos y exhortaciones a un joven evangelista acerca de su conducta personal y de su trabajo ministerial.
Texto Clave: 
1 Timoteo 2:5, “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.”

1 Timoteo 2:12, “Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio.”

1 Timoteo 3:1-2, “Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar.”
1era Timoteo: 3:15: "para que, si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y defensa de la verdad."
1 Timoteo 4:9-10, “Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida por todos. que por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen.”

1 Timoteo 6:12, “Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos.”
Timoteo
La leal compañía y fiel colaboración de Timoteo fueron una ayuda constante y esencial en el trabajo misionero del apóstol Pablo. Desde el primer momento se estableció entre ellos una relación, nunca rota, de confianza y amistad. De esa relación son testimonio fidedigno las repetidas menciones a Timoteo en el libro de los Hechos (Hch 17.14–15; 18.5; 19.22; 20.4), las que de él hace el propio Pablo en ocho de sus doce cartas (Ro 16.21; 1 Co 4.17; 16.10; 2 Co 1.1; Flp 2.19; Col 1.1; 1 Ts 1.1; 3.2, 6; 2 Ts 1.1; Flm 1) y el hecho de que, además, le dirigiera dos epístolas en las que lo llama «verdadero hijo en la fe» (1 Ti 1.1) y «amado hijo» (2 Ti 1.2; 2.1).
Cuando, en su segundo viaje, el apóstol llegó a Listra, conoció a Timoteo, que vivía allí. Era un joven de unos veinte años de edad, «hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego» (Hch 16.1). Es decir, su madre, Eunice, era cristiana (2 Ti 1.5) de origen judío, y su padre, pagano.
Pablo incorporó a Timoteo a aquel grupo misionero que muy pronto habría de llevar a Europa el primer anuncio del evangelio. Más tarde, pasados algunos años, el joven discípulo recibiría el encargo de velar por la «sana doctrina» en Asia Menor, y de impedir posibles desviaciones hacia otras enseñanzas, falsas y destructivas (1.3–4; 4.6, 9, 13, 16; 6.3–5), que habían comenzado a penetrar en comunidades cristianas de reciente formación (1.3–11). La alusión a los «doctores de la Ley», así como el énfasis puesto en los valores auténticos de la ley de Moisés (1.6–10) denuncian la actividad que los judaizantes estaban desplegando en las iglesias asiáticas.
Propósito
Esta epístola revela una seria preocupación de su autor por la organización de la iglesia. Resulta evidente su interés por dotarla de normas de vida y de conducta, válidas tanto para cada miembro individualmente como para la edificación y el crecimiento espiritual de las congregaciones cristianas en conjunto. Por eso, la carta contiene instrucciones sobre diversos temas: la necesidad de la oración y el buen orden en la comunidad (2.1–15), las bases para llegar a una eficiente organización de la iglesia (3.1–13), la vigilancia frente al error doctrinal (4.1–5; 6.3–5), y la atención a la administración congregacional y al ejercicio del ministerio pastoral (3.14–15; 5.1–6.2).
Mención aparte ha de hacerse del texto de 3.16. Es un breve poema formado por tres pares de versos, que parecen ir marcando el camino de la exaltación de Jesucristo, desde su manifestación humana hasta su ascensión y glorificación en los cielos. El autor llama «gran misterio de la piedad» a esta hermosa afirmación de fe que viene a ser como el centro de gravedad de la teología de 1 Timoteo (=1 Ti).
Fecha y lugar de redacción
Nada dice la carta a propósito de fecha o lugar de redacción. Quizá fue escrita en Macedonia, si, como es probable, Pablo siguió en esta región después de haber sido liberado de su primera prisión en Roma (cf. Hch 28.16, 30–31). Por aquel mismo tiempo, Timoteo estaría viviendo en Éfeso, adonde quizás le habría sido remitida la misiva (1.3).
Puede pensarse, sin embargo, que Pablo se acercaba ya al final de su vida cuando redactó esta carta, en la que se descubre una estructura eclesiástica que parece ser posterior a los primeros esfuerzos de organización en la historia del cristianismo.
Breve Resumen: 

Esta es la primera carta que Pablo escribió a Timoteo, un joven pastor quien había sido de gran ayuda para Pablo en su obra. Timoteo era griego. Su madre era judía y su padre griego. Pablo era más que solo un tutor y líder para Timoteo, él era como un padre para él y Timoteo era como un hijo para Pablo (1 Timoteo 1:2). Pablo comienza la carta urgiendo a Timoteo a estar alerta ante los falsos maestros y la falsa doctrina. Sin embargo, buena parte de la carta trata sobre la conducta pastoral. Pablo instruye a Timoteo en la adoración (capítulo 2) y el desarrollo de líderes maduros para la iglesia (capítulo 3). La mayor parte de la carta trata de la conducta pastoral, advertencias sobre los falsos maestros, y la responsabilidad de la iglesia hacia los miembros que pequen, las viudas, ancianos y esclavos. A través de toda la carta, Pablo anima a Timoteo a permanecer firme, a perseverar, y a permanecer fiel a su llamado.

Conexiones: 

Existe una relación interesante entre el libro de 1 Timoteo y el Antiguo Testamento, y es la cita de Pablo sobre las bases para considerar a los ancianos de la iglesia como dignos de “doble honor” y merecedores de respeto en el caso en que fueran acusados de mala conducta (1 Timoteo 5:17-19). Deuteronomio 24:15 y Levítico 19:13 hablan de la necesidad de pagar al trabajador lo que se ha ganado y de hacerlo puntualmente. Parte de la Ley Mosaica demandaba que dos o tres testigos eran necesarios para levantar una acusación contra un hombre (Deuteronomio 19:15). Los judíos cristianos en las iglesias que Timoteo pastoreaba, debían estar bien conscientes de estas referencias al Antiguo Testamento.

Aplicación Práctica: 

Jesucristo es presentado por Pablo como el mediador entre Dios y el hombre (1 Timoteo 2:5), el Salvador para todos los que creen en Él. Él es Señor de la iglesia y Timoteo le sirve pastoreando Su iglesia. Así, encontramos que ésta es la aplicación principal de la primera carta de Pablo a su “hijo en la fe.” Pablo instruye a Timoteo en asuntos sobre la doctrina de la iglesia, el liderazgo de la iglesia, y la administración de la iglesia. Podemos usar estas mismas instrucciones para gobernar nuestra asamblea local en la actualidad. De la misma manera, el trabajo y ministerio de un pastor, los requerimientos para un anciano, y para un diácono son justamente tan importantes y pertinentes en la actualidad como lo fueron en los días de Timoteo. La primera carta de Pablo a Timoteo, se valora como un libro de enseñanza sobre el liderazgo, la administración, y el pastoreo de la iglesia local. Las instrucciones en esta carta se aplican a cualquier líder o prospecto de líder de la iglesia cristiana, y son igualmente relevantes en la actualidad, como lo fueron en los tiempos de Pablo. Para aquellos que no fueron llamados para asumir el liderazgo en su iglesia, este libro es igualmente práctico. Cada seguidor debe contender por la fe y evitar la falsa enseñanza. Cada seguidor debe permanecer firme y perseverar.
Esquema del contenido:

Salutación (1.1–2)
Advertencia contra falsas doctrinas (1.3–11)
El ministerio de Pablo (1.12–20)
Instrucciones sobre la oración (2.1–15)
Requisitos de los obispos (3.1–7)
Requisitos de los diáconos (3.8–13)
El misterio de la piedad (3.14–16)
Predicción de la apostacía (4.1–5)
Un buen ministro de Jesucristo (4.6–16)
Deberes hacia los demás (5.1–6.2)
Piedad y contentamiento (6.3–10)
La buena batalla de la fe (6.11–19)
Encargo final de Pablo a Timoteo (6.20–21)




Segunda Timoteo
"Por tanto, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni de mí, prisionero suyo, sino participa conmigo en las aflicciones por el evangelio, según el poder de Dios." 2a. Timoteo 1:8
2a. Timoteo trata también con la responsabilidad individual en relación con la Iglesia. Pero Pablo escribe esta carta desde la prisión. Es, de hecho, su última epístola, escrita sabiendo que iba a ser enviado a la muerte por testificar del Señor. Aquí ya no habla de "la casa de Dios", sino de "una casa grande" (capítulo 2: 20); ya que aquello que una vez había sido la casa de Dios en cierta medida de pureza y verdad, se había degenerado al punto de permitir errores groseros y vasos de deshonra. Además, todos los que estaban en Asia habían abandonado a Pablo, indudablemente no deseando mas su enseñanza.
Pero él no se desanimó. En realidad, con un corazón gozoso él anima a este joven fortaleciéndole contra su propia timidez natural. Timoteo no debía avergonzarse del testimonio del Señor, debía trazar bien la palabra de verdad (capítulo 2: 15 - RVA), hacer completo uso de toda esa bendita verdad actuando con firmeza y decisión para Dios. Él no debe descuidar nada de ello, ya sea en la obra de evangelista o en el ministerio para el pueblo de Dios. El capítulo segundo muestra al creyente en ocho importantes aspectos de la vida y es excelente para cualquier alma que honestamente desea servir al Señor en el presente día.
De esta forma, este libro contiene un gran estímulo para el corazón que es recto en estos días de desviación y descuido espiritual. Declara la bienaventuranza de la provisión de Dios en vista de Su conocimiento previo de las presentes condiciones, para que, independientemente de cual sea la deshonra hecha al nombre de Dios por la Cristiandad profesante, uno pueda, con todo, ser fiel al significado del nombre Timoteo: <<honrando a Dios>>.

 

2 Timoteo 1:1-18

 

Esta segunda epístola, muy diferente de la primera, enfoca un tiempo de ruina en que el apóstol, prisionero, al final de su carrera, asiste a la rápida decadencia del testimonio por el cual había trabajado tanto. Pero Dios se valió de esos progresos del mal, ya visibles en el tiempo de los apóstoles, para darnos esta carta que nos muestra el camino a seguir y los recursos de la fe en los "tiempos peligrosos" como lo son los nuestros, hoy en día (cap. 3:1). «¡Ánimo! -escribe Pablo a su "amado hijo"- ¡no te dejes asustar!». Lo que poseemos está fuera del alcance del Enemigo y está protegido por el poder de Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Éste permanece como espíritu de poder, de amor y de consejo y "mora en nosotros" (v. 14; Juan 14:17 al final).
"Nuestro Salvador Jesucristo" no ha cambiado. Su victoria sobre la muerte ha sido lograda por la eternidad (2 Timoteo 1:10). Cuando todos los puntos de apoyo exteriores se han derrumbado, la fe es llevada a descansar sólo en el Señor (v. 12; Salmo 62:1). La fidelidad de cada uno es puesta a prueba no cuando todo va bien, sino cuando todo va mal (véase Filipenses 2:22). En la adversidad, un gran número de hermanos abandonó al apóstol (2 Timoteo 1:15), en tanto que uno abnegado, Onesíforo, lo había buscado y visitado en la cárcel. Éste formaba parte de aquellos misericordiosos a quienes les será hecha misericordia: "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia" (v. 18; Mateo 5:7 y Mateo 25:36 al final).
 2 Timoteo 2:1-13
"Esfuérzate en la gracia" recomienda el apóstol a su querido discípulo. Él mismo había aprendido este secreto de boca del Señor: "Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad" (2 Corintios 12:9). Tres ejemplos: el del soldado, el del atleta y el del labrador ilustran el renunciamiento, la obediencia y la paciencia del cristiano. ¿Qué es lo que caracteriza a un buen soldado?: no se embaraza con inútil bagaje; es disciplinado, a fin de agradar a sus superiores; sabe que el oficio de soldado implica inevitablemente sufrimientos, peligros, golpes que recibir y que éstos preceden a las menciones honoríficas y condecoraciones. Esto es cierto y toda la Escritura lo confirma: nuestro comportamiento actual tendrá su contrapartida eternal. Hoy, los sufrimientos y la muerte con Cristo; mañana, la vida con Él, el reino y la gloria eterna. Queridos amigos creyentes:
Cristo nos ha reclutado bajo su bandera. Por desdicha, en un ejército pueden hallarse desertores que reniegan de su bandera y de su capitán (2 Timoteo 2:12 al final). Existen mil maneras, aun silenciosas, de traicionar a nuestro Jefe. Que el deseo de obtener su aprobación, secreta hoy, pública mañana, haga de nosotros buenos soldados, aptos para pelear "la buena batalla" (2 Timoteo 4:7-8 y 1 Timoteo 6:12).
Estad por Cristo firmes, soldados de la cruz, Alzad hoy la bandera en nombre de Jesús;
A aquel que al fin venciere corona se dará, Y con el Rey de gloria por siempre reinará.
 2 Timoteo 2:14-26
Cuando todo va bien, cuando la obra es próspera, el obrero no tiene motivos para avergonzarse ante los hombres (cap. 1:8, 12 y 16 al final). En cambio, cuando el testimonio está en ruina, es un sentimiento al que escapamos difícilmente. Pero, ¡qué importa el menosprecio del mundo, si somos aprobadospor Dios! (2 Timoteo 2:15). Y este capítulo nos traza una línea de conducta que nos permite estar seguros de esa aprobación en toda circunstancia: allí donde la incredulidad y la corrupción dominan, el cristiano fiel se aparta. En relación con los individuos, él se limpia; respecto de las codicias, él lasrehuye; en cuanto al bien, él lo sigue; a los creyentes, los busca, se une con ellos y rinde culto a Dios con ellos. En la práctica, estos versículos 19 a 22 han llevado a apreciados hijos de Dios a apartarse de diversos sistemas religiosos de la cristiandad y a reunirse alrededor del Señor para alabarle.
Ya hemos oído un "huye" y un "sigue" en la primera epístola (cap. 6:11). Quiera el Señor grabar en el corazón de todos los creyentes este versículo 22: "Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz". No olvidemos, sin embargo que, así como debemos ser firmes en cuanto a la verdad y a los principios, también debemos soportar a las personas y manifestarles "mansedumbre" (v. 24-25; Efesios 4:2).
2 Timoteo 3:1-17
El sombrío retrato moral de los versículos 2 a 5 se parece al del primer capítulo de la epístola a los Romanos, versículos 28 a 32, con la diferencia de que aquí no describe paganos sino gente que dice ser cristiana. Y, lo que es más grave, la forma de piedad -la hipocresía- cubre esos horrendos rasgos con un barniz engañoso. Con un "pero tú", vuelve a interrumpirse el apóstol (2 Timoteo 3:10 y 14; cap. 4:5). De un lado están esas personas inmorales que "siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad" (v. 7); del otro, ese joven siervo de Dios, nutrido desde la niñez con "las Sagradas Escrituras" (v. 15) bajo la influencia de una madre y una abuela piadosas (cap. 1:5). ¡Dichosos los que, desde su niñez, han sido asiduos lectores de la Palabra de Dios! A ellos y a todos nosotros se dirige esta exhortación: "Persiste tú en lo que has aprendido" (cap. 3:14).
El versículo 16 establece la plena inspiración de toda la Escritura al mismo tiempo que su autoridad "para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia". La Palabra de Dios alimenta y forma al hombre de Dios. Timoteo lo era pese a su juventud. Este título de "hombre de Dios" (v. 17 y 1 Timoteo 6:11) es más noble aun que el de "soldado", "obrero" o "siervo del Señor" (cap. 2:3, 15 y 24). Dios nos muestra aquí cómo se llega a ser un "hombre de Dios". ¡Que Él nos dé también el deseo de serlo!
2 Timoteo 4:1-22
Aunque muchos apartan el oído de la verdad (v. 4), el obrero del Señor debe, no obstante, predicar, advertir, instar "a tiempo y fuera de tiempo", convencer, reprender, exhortar... en resumen, cumplir plenamente su ministerio (v. 2 y 5). Pablo había dado el ejemplo. Su carrera se acababa. Los deportistas saben que una competición nunca está decidida antes de la línea de llegada. Abandonar o dejarse pasar en los últimos metros es perder toda la carrera... juntamente con el premio. Y los últimos pasos a menudo son los más difíciles. El amado apóstol nos da una conmovedora idea de las condiciones finales de su combate y de su carrera: la prisión, el frío y la desnudez (véase 1 Corintios 4:11; 2 Corintios 11:27; aquí pide su capa: 2 Timoteo 4:13), la maldad y la oposición de los hombres (v. 14-15), su comparecencia ante César (Nerón) y la ausencia de todos sus amigos (v. 16). Éstos se habían dispersado; hasta lo había abandonado Demás. No se puede formar parte al mismo tiempo de los que aman "este mundo" (v. 10) y de los que aman la venida del Señor (v. 8). Y la epístola se termina mencionando el supremo recurso en un tiempo de ruina: la gracia. Era el saludo del apóstol (cap. 1:2) y también su despedida (v. 22). ¡Que esta gracia esté con cada uno de nosotros!
La gracia de mi Dios: el tema encantador.
El cielo dio la dulce voz al mundo pecador.
La gracia enseñó mis pies a caminar
En justas sendas de mi Dios al celestial hogar.
Autor: 
2 Timoteo 1:1 identifica al autor del libro de 2 Timoteo como el apóstol Pablo.

Fecha de su Escritura: 

El Libro de 2 Timoteo fue escrito aproximadamente en el 67 d.C., poco antes de que el apóstol Pablo fuera condenado a muerte. Esta carta contiene las últimas palabras del apóstol.

Propósito de la Escritura: 

Encarcelado en Roma una vez más, el apóstol Pablo se sintió solo y abandonado. Pablo reconoció que su vida terrenal probablemente pronto llegaría a su fin. El libro 2 de Timoteo es esencialmente “las últimas palabras” de Pablo. Pablo miró más allá de sus propias circunstancias para manifestar su preocupación por las iglesias y especialmente por Timoteo. Pablo quería utilizar sus últimas palabras para animar a Timoteo, y a todos los demás creyentes, a perseverar en la fe (2 Timoteo 3:14) y a proclamar el evangelio de Jesucristo (2 Timoteo 4:2).

Versos Clave: 

2 Timoteo 1:7, “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.”

2 Timoteo 3:16-17, “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” 

2 Timoteo 4:2, “que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.” 

2 Timoteo 4:7-8, “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.”
Propósito:
General: El de animar e instruir a un evangelista joven en su labor ministerial.
Especial: el pedirle a Timoteo, su hijo en el evangelio, que vaya pronto a Roma, para que él pueda tener el consuelo de su compañía.
Marco Histórico: 
Se cree generalmente que Pablo estuvo encarcelado en Roma dos veces, y que fue durante  la segunda vez que escribió esta carta. Anteriormente había tenido alguna libertad pues vivía en una casa alquilada (Hch 28:30)
Durante ese tiempo tenía acceso a sus amigos, pero ahora estaba incomunicado y aun Onesíforo había tenido dificultad en encontrarlo. Muchos de sus compañeros lo habían abandonado, y esperaba ser ejecutado pronto. Un tono triste de soledad se hace sentir a través de la carta, y no sorprende que Pablo esté ansioso de ver a su amado Timoteo.
Fecha y lugar de redacción
Esta Segunda epístola a Timoteo (=2 Ti), discípulo y colaborador de Pablo, tiene un acento especialmente dramático. Según algunos interpretan los testimonios que encontramos en la propia carta, su redacción puede situarse en la época de Nerón, por los años 66 ó 67, cuando el apóstol se encuentra preso en Roma (2.9; cf. 1.8, 16–17).
Ya anteriormente había pasado dos años en la cárcel, en la capital del imperio; pero fueron dos años de prisión atenuada, de un régimen abierto que incluso le permitía disponer de vivienda independiente (Hch 28.30). Después de esto, parece que fue puesto en libertad, y que durante algún tiempo pudo dedicarse nuevamente a su labor de apostolado en Macedonia, Creta, Asia Menor y otros lugares.
Pablo encarcelado
Más tarde, Pablo volvió a ser apresado; pero esta vez, que es la referida en 2 Timoteo, la situación resultó por completo diferente. Él mismo dice que las condiciones de su cautiverio eran ahora tan duras que incluso se le trataba «a modo de malhechor» (2.9), lo cual significa, entre otros males, que estaba sujeto con cadenas (1.16). Y el término previsible de sus expectativas era el de una cercana ejecución: Porque «yo ya estoy próximo a ser sacrificado» y «el tiempo de mi partida está cercano» (4.6–8).
A la gravedad de esta situación personal del apóstol habría que añadir una gran tristeza, causada por el mal comportamiento de algunos, como Demas y Alejandro el calderero (4.10, 14), y por verse olvidado de otros en circunstancias muy difíciles y angustiosas (4.16).
Es probable, además, que su salud se hubiera quebrantado en la prisión, y que careciera de la indispensable ropa de abrigo (4.13). Todo esto le ocurría cuando solamente tenía a su lado a Lucas (4.11), pues sus otros colaboradores se hallaban ausentes de Roma, entregados al cumplimiento de sus respectivas tareas y ministerios. Esa desfavorable acumulación de circunstancias explica la insistencia con que Pablo ruega a Timoteo: «Procura venir pronto a verme» (4.9), «Procura venir antes del invierno» (4.21).
Respecto del destinatario, véase la Introducción a 1 Timoteo.
Propósito
De la presente epístola, la última del apóstol, se ha dicho que representa su testamento espiritual. En ella exhorta a su «amado hijo» Timoteo (1.2) a mantenerse fiel y a no avergonzarse de ser testigo de Jesucristo (1.6–2.13). Y le encarga que anuncie con diligencia el evangelio (3.14–4.2), que amoneste con prudencia a los creyentes (2.14), que los corrija con humildad (2.24–25) y que esté dispuesto a hacer frente a las penalidades «como buen soldado de Jesucristo» (2.3. Cf. 2.9; 3.12; 4.5).
La epístola también previene a Timoteo contra conductas desviadas que algún día podrían llegar a introducirse en la iglesia, cuando gente «con apariencia de piedad» (3.5), «hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe» (3.8), se «apartarán de la verdad... y se volverán a las fábulas» (4.4).
Ante el previsible próximo final de su vida (4.6–8), el apóstol aconseja a su discípulo acerca del mejor cumplimiento de la responsabilidad pastoral que le había encomendado: «que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos» (1.6); «esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús» (2.1); «haz obra de evangelista, cumple tu ministerio» (4.5).
La carta concluye con una serie de instrucciones, recuerdos personales y saludos.
Breve Resumen: 

Pablo anima a Timoteo a permanecer apasionado por Cristo y a permanecer firme en la sana doctrina (2 Timoteo 1:1-2, 13-14). Pablo le recuerda a Timoteo evitar prácticas y creencias impías y huir de todo lo inmoral (2 Timoteo 2:14-26). Al final de los tiempos habrá una intensa persecución así como apostasía de la fe cristiana (2 Timoteo 3:1-17). Pablo cierra con una intensa súplica porque los creyentes permanezcan firmes en la fe y terminen la carrera fortalecidos (2 Timoteo 4:1-8).

Conexiones: 

Tan preocupado estaba Pablo de advertir a Timoteo y a aquellos que él pastoreaba sobre los peligros de los falsos maestros, que evocó la historia de los magos egipcios, quienes se oponían a Moisés (Éxodo 7:11, 22; 8:7, 18, 19, 9:11) Aunque sus nombres no se mencionan en el Antiguo Testamento, la tradición dice que estos hombres promovieron la fabricación del becerro de oro, y fueron muertos con el resto de los idólatras (Éxodo 32). Pablo predice el mismo destino para aquellos que resisten la verdad de Cristo, finalmente su insensatez se hace “manifiesta a todos.” (2 Timoteo 3:9).

Aplicación Práctica: 

Es fácil desviarse de la vida cristiana. Debemos mantener nuestros ojos en el premio – para ser recompensados en el cielo por Jesucristo (2 Timoteo 4:8). Debemos luchar por evitar tanto la falsa doctrina como las prácticas impías. Esto solo puede ser logrado estando arraigados en nuestro conocimiento de la Palabra de Dios y firmes en nuestra negativa de aceptar cualquier cosa que no sea bíblica.

Esquema del contenido:

Salutación (1.1–2)
Testificando de Cristo (1.3–18)
Un buen soldado de Jesucristo (2.1–13)
Un obrero aprobado (2.14–26)
Carácter de los hombres en los postreros días (3.1–17)
Predica la palabra (4.1–8)
Instrucciones personales (4.9–18)
Saludos y bendición final (4.19–22)

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